Conversando con filósofos
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Pluralismo

Berlin, I. El fuste torcido de la humanidad. Barcelona. Península.1995

Lo que caracterizó al racionalismo del siglo XVII y XVIII es su idealismo platónico: en ciencia, todas las preguntas tienen una única respuesta verdadera (las demás son errores) y estas respuestas verdaderas son compatibles entre sí. Algunos pensadores del XIX (Hegel, Marx) admitían retrocesos o fracasos, evolución y cambios…no había verdades intemporales…hasta el triunfo final de la razón. Si no ¿qué sentido tendría la idea de progreso, de historia?

Ahora bien, el primero que planteó que no todos los valores supremos del hombre son compatibles entre sí fue Maquiavelo. Por eso, cuando hay conflictos de intereses está muy bien negociar, pero siempre que los nuestros sean más fuertes. Otro autor que también cuestionó el paradigma platónico fue G. Vico. Este autor observó la diversidad de culturas a lo largo de la historia, culturas que tenían cada una unos valores, no necesariamente compatibles entre sí. Esos valores, ¿realmente eran incompatibles o adaptaciones al contexto? Praxeología. Herder también planteaba la especificidad de cada cultura. Berlin niega que esto se pueda llamar relativismo cultural. Para él se trata de pluralismo. La diferencia: "yo prefiero champán y tu café, tenemos gustos diferentes, no hay más que decir (…) no es ése, sino (…) la idea de que hay muchos fines distintos que pueden perseguir los hombres y aún así ser plenamente racionales, hombres completos, capaces de entenderse entre ellos y simpatizar y extraer luz unos de los otros" (29). Sinceramente creo que esta distinción entre relativismo y pluralismo que hace Berlín no se sostiene. Sólo el ejemplo "etílico" que utiliza revela cierta inconsistencia. Nadie está diciendo que el relativismo niegue el valor racional de los hombres, sino que no todos los valores tienen el mismo "valor". La imposibilidad de demostrar en absoluto la superioridad de unos sobre otros hace, precisamente, que los hombres con valores diferentes no puedan entenderse. Sinceramente, y sobre ello no debemos equivocarnos, en la lucha entre dos sistemas de valores siempre deberemos esperar la imposición de unos sobre otros…por ello es mejor que los nuestros partan, si tenemos que hablar, desde una posición de fuerza. Los valores comunes son individuales, si los hay. Los dispares son colectivos. Podemos comprender los segundos porque compartimos los primeros y éstos deben buscarse en los elementos de la praxeología, lo que nos une. Ello no niega lo que apunta Berlin posteriormente: "tenemos libertad para criticar los valores de otras culturas, para condenarlos, pero no podemos pretender que no los entendamos en absoluto" (30). Efectivamente, los entendemos demasiado bien, pero no los compartimos. En estos posicionamientos hay cierto comportamiento naïf en las discusiones, tanto a nivel individual como colectivo. Si yo pienso de una determinada manera sobre cómo deberían organizarse las sociedades lo pienso, si no existe ningún interés evidente por mi parte, porque creo que unas formas son mejores que otras. No todas tienen para mí el mismo valor y por ello intentaré convencer a los demás de mi verdad. Ahora bien, el límite está en convencer o coaccionar; sé que no tengo la verdad absoluta por la finita capacidad de mi entendimiento, porque puedo tener fallas de percepción, porque la realidad puede transformarse siempre a mayor velocidad que mi percepción, por ello es indispensable la pluralidad; no porque crea que otras opiniones valen tanto como la mía, sino porque soy consciente de las limitaciones de mi capacidad y la existencia de "resistencia" a las mismas, aunque pueda parecerme engorroso, me sirve para mejorar mi percepción. En el fondo no es más que una función de competencia. Esto, que es así para el individuo también lo es para la cultura; con una distinción; en la cultura occidental el valor no es tanto final como formal: la misma existencia de pluralidad, dado que se asume que la sociedad abierta no es más que la suma de individuos igualmente plurales en sus fines y valores; por el contrario, las sociedades cerradas lo son, sobre todo, respecto a su pluralidad interna, identificándose valores individuales y colectivos. Frente a esto, los defensores de los valores de la sociedad abierta, por formales, debemos creer que son universales y fomentarlos…¿imponerlos?. Por otra parte, "los valores pueden muy bien chocar dentro de un individuo; y eso no significa que unos deban ser verdaderos y otros falsos" (31). Efectivamente, existen valores contrarios e irresolubles…dentro de una misma sociedad (aborto). Hay valores que se limitan, como libertad e igualdad. La libertad es preeminente, pero no es el valor único…en realidad los demás son subordinados a éste…pero también son necesarios para hacer posible a la libertad; así cierta desigualdad puede poner en peligro la libertad y ello deberá tenerse en cuenta. No existen valores absolutos, existen valores en frontera…pero debemos decidir cuales son los principales y los secundarios; lo que queremos y lo que necesitamos…para poder alcanzar lo que queremos. Lo que sí es cierto, siguiendo a Berlin, es que el máximun entre unos y otros es imposible; es una utopía creer que libertad e igualdad se pueden dar totalmente en una misma situación. Es más, se trata de una solución contraproducente, pues "la posibilidad de una solución final (…) resulta ser una ilusión; y una ilusión muy peligrosa. Pues si uno cree que es posible solución semejante, es seguro que ningún coste sería excesivo para conseguir que se aplicase" (33). Un buen criterio a la hora de juzgar los medios es ver si están en contradicción con los fines: unos medios dictatoriales no pueden ser aceptables si queremos unos fines democráticos; la lucha por la libertad no se puede hacer mediante la coacción. Una vez admitido que los grandes fines o valores pueden chocar lo que debemos hacer es que las colisiones se suavicen mediante compromisos, siempre con la obligación de evitar el sufrimiento extremo y, por supuesto, no exagerar la incompatibilidad de los valores y apostar por un cierto equilibrio.

Rorty, R. Pragmatismo y política Barcelona. Paidós.1998

Trotsky y las orquídeas silvestres

En este artículo el autor relata su biografía intelectual como heredero de Dewey y de su ideología pragmatista, según la cual la verdad es lo que funciona. Así mismo, en moral, lo relevante, lo que hace que la gente conviva más allá de las diferencias es la habilidad de simpatizar con el dolor de los otros. Sin embargo, la virtud que el sentimiento de obligación moral con los que sufren no se puede demostrar de manera absoluta, sino que se trata de un posicionamiento moral y no científico. Así, los "liberales humanitarios" que es como se define el autor, no son más inteligentes o perspicaces por pensar así…simplemente son más afortunados. Esto, según el autor, no es relativismo, pues sí que cree que existen posturas mejores que otras. Simplemente cree que la superioridad de unas sobre otras no se puede demostrar, no hay un punto de discernimiento en el cual llegar a un acuerdo entre las personas. Conocer no necesariamente nos hace mejores personas. Esto es coherente con la creencia que los filósofos no son necesariamente claves en el devenir de la historia, ni en la política, porque éstas no son materia del conocedor.