Berlin, I. El fuste torcido de la humanidad Barcelona. Península. 1995
Cap 1. La persecución de un ideal
"El pensamiento ético consiste en el examen sistemático de las relaciones mutuas de los seres humanos, las concepciones, intereses e ideales de los que surgen formas humanas de tratarse los unos a los otros y los sistemas de valores en los que se basan esas finalidades de la vida. Esas creencias sobre cómo debería vivirse la vida, qué deberían ser y hacer los hombres y mujeres, son el objeto de la investigación moral; y cuando se aplican a pueblos y naciones y, en realidad, a la humanidad como un todo, se les llama filosofía política, que no es sino ética aplicada a la sociedad" (21). ¿Realmente es posible una ética aplicada a la sociedad?
Lo que caracterizó al racionalismo del siglo XVII y XVIII es su idealismo platónico: en ciencia, todas las preguntas tienen una única respuesta verdadera (las demás son errores) y estas respuestas verdaderas son compatibles entre sí. Algunos pensadores del XIX (Hegel, Marx) admitían retrocesos o fracasos, evolución y cambios…no había verdades intemporales…hasta el triunfo final de la razón. Si no ¿qué sentido tendría la idea de progreso, de historia?
Ahora bien, el primero que planteó que no todos los valores supremos del hombre son compatibles entre sí fue Maquiavelo. Por eso, cuando hay conflictos de intereses está muy bien negociar, pero siempre que los nuestros sean más fuertes. Otro autor que también cuestionó el paradigma platónico fue G. Vico. Este autor observó la diversidad de culturas a lo largo de la historia, culturas que tenían cada una unos valores, no necesariamente compatibles entre sí. Esos valores, ¿realmente eran incompatibles o adaptaciones al contexto? Praxeología. Herder también planteaba la especificidad de cada cultura. Berlin niega que esto se pueda llamar relativismo cultural. Para él se trata de pluralismo. La diferencia: "yo prefiero champán y tu café, tenemos gustos diferentes, no hay más que decir (…) no es ése, sino (…) la idea de que hay muchos fines distintos que pueden perseguir los hombres y aún así ser plenamente racionales, hombres completos, capaces de entenderse entre ellos y simpatizar y extraer luz unos de los otros" (29). Sinceramente creo que esta distinción entre relativismo y pluralismo que hace Berlín no se sostiene. Sólo el ejemplo "etílico" que utiliza revela cierta inconsistencia. Nadie está diciendo que el relativismo niegue el valor racional de los hombres, sino que no todos los valores tienen el mismo "valor". La imposibilidad de demostrar en absoluto la superioridad de unos sobre otros hace, precisamente, que los hombres con valores diferentes no puedan entenderse. Sinceramente, y sobre ello no debemos equivocarnos, en la lucha entre dos sistemas de valores siempre deberemos esperar la imposición de unos sobre otros…por ello es mejor que los nuestros partan, si tenemos que hablar, desde una posición de fuerza. Los valores comunes son individuales, si los hay. Los dispares son colectivos. Podemos comprender los segundos porque compartimos los primeros y éstos deben buscarse en los elementos de la praxeología, lo que nos une. Ello no niega lo que apunta Berlin posteriormente: "tenemos libertad para criticar los valores de otras culturas, para condenarlos, pero no podemos pretender que no los entendamos en absoluto" (30). Efectivamente, los entendemos demasiado bien, pero no los compartimos. En estos posicionamientos hay cierto comportamiento naïf en las discusiones, tanto a nivel individual como colectivo. Si yo pienso de una determinada manera sobre cómo deberían organizarse las sociedades lo pienso, si no existe ningún interés evidente por mi parte, porque creo que unas formas son mejores que otras. No todas tienen para mí el mismo valor y por ello intentaré convencer a los demás de mi verdad. Ahora bien, el límite está en convencer o coaccionar; sé que no tengo la verdad absoluta por la finita capacidad de mi entendimiento, porque puedo tener fallas de percepción, porque la realidad puede transformarse siempre a mayor velocidad que mi percepción, por ello es indispensable la pluralidad; no porque crea que otras opiniones valen tanto como la mía, sino porque soy consciente de las limitaciones de mi capacidad y la existencia de "resistencia" a las mismas, aunque pueda parecerme engorroso, me sirve para mejorar mi percepción. En el fondo no es más que una función de competencia. Esto, que es así para el individuo también lo es para la cultura; con una distinción; en la cultura occidental el valor no es tanto final como formal: la misma existencia de pluralidad, dado que se asume que la sociedad abierta no es más que la suma de individuos igualmente plurales en sus fines y valores; por el contrario, las sociedades cerradas lo son, sobre todo, respecto a su pluralidad interna, identificándose valores individuales y colectivos. Frente a esto, los defensores de los valores de la sociedad abierta, por formales, debemos creer que son universales y fomentarlos…¿imponerlos?. Por otra parte, "los valores pueden muy bien chocar dentro de un individuo; y eso no significa que unos deban ser verdaderos y otros falsos" (31). Efectivamente, existen valores contrarios e irresolubles…dentro de una misma sociedad (aborto). Hay valores que se limitan, como libertad e igualdad. La libertad es preeminente, pero no es el valor único…en realidad los demás son subordinados a éste…pero también son necesarios para hacer posible a la libertad; así cierta desigualdad puede poner en peligro la libertad y ello deberá tenerse en cuenta. No existen valores absolutos, existen valores en frontera…pero debemos decidir cuales son los principales y los secundarios; lo que queremos y lo que necesitamos…para poder alcanzar lo que queremos. Lo que sí es cierto, siguiendo a Berlin, es que el máximun entre unos y otros es imposible; es una utopía creer que libertad e igualdad se pueden dar totalmente en una misma situación. Es más, se trata de una solución contraproducente, pues "la posibilidad de una solución final (…) resulta ser una ilusión; y una ilusión muy peligrosa. Pues si uno cree que es posible solución semejante, es seguro que ningún coste sería excesivo para conseguir que se aplicase" (33). Un buen criterio a la hora de juzgar los medios es ver si están en contradicción con los fines: unos medios dictatoriales no pueden ser aceptables si queremos unos fines democráticos; la lucha por la libertad no se puede hacer mediante la coacción. Una vez admitido que los grandes fines o valores pueden chocar lo que debemos hacer es que las colisiones se suavicen mediante compromisos, siempre con la obligación de evitar el sufrimiento extremo y, por supuesto, no exagerar la incompatibilidad de los valores y apostar por un cierto equilibrio.
Cap 2. La decadencia de las ideas utópicas en Occidente
Las utopías de Occidente son estáticas, basado en esa naturaleza única y en valores universales inmutables. La utopía nace de la Biblia, donde el hombre alcanza un estado perfecto que luego se pierde por un desastre y que, desde entonces, el hombre sueña con recuperar. Las tres proposiciones del utopismo occidental son: todo problema tiene una única solución (y sólo una), existe un método para conocer esa solución (es siempre cognoscible bajo el método correcto) y todas las soluciones correctas son compatibles (lo que volverá al mundo feliz). Como consecuencia tenemos el pensamiento platónico, según el cual conocer es la virtud y quien hace mal lo hace por ignorancia. Este pensamiento se perpetúa en los grandes utópicos del Renacimiento, que tienen fe absoluta en las soluciones racionales (su corolario es el mito del buen salvaje: el hombre es bueno por naturaleza). El racionalismo utopista lleva a la máxima expresión la existencia de universales.
Sin embargo, otros autores comenzaron a romper el mito. Maquiavelo fue el primero, al constatar que ciertos valores o virtudes podían ser incompatibles…aunque fueran ciertos. ¿Pero qué significan ciertos, si estamos hablando de valores normativos? Un nuevo golpe al utopismo proviene de la Reforma y de la aparición de los estado-naciones del XVI, con la aparición del relativismo cultural. Ese relativismo es una reacción a la doctrina de la Ilustración francesa, que hace de la razón y la ciencia el valor supremo y que se basa en el universalismo de "sus" valores. Frente a esta oleada de racionalismo surge una revalorización de lo irracional…sobre todo en Alemania, pues la decadencia de ésta (frente al fulgor francés en ciencia, economía, etc.) hacia más ofensiva la brillantez de su vecino. A nivel intelectual esto significa la aparición de pensadores que apuestan por el nacionalismo, como Herder. Herder sostenía que los valores no son universales y que, por lo tanto, no existía un criterio único por el cual unas culturas fueran superiores a otras…"toda nación tiene un centro de gravedad moral (…) y sólo ahí reside su felicidad" (54); tal es la esencia del pensamiento de Herder. Aquí podemos hablar de valores colectivos (que si son diferentes por culturas) y los valores individuales (que son más universales); una sociedad abierta debe dar preponderancia a los valores individuales sobre los colectivos; es decir, introducir el elemento diversidad en su propio seno, hasta hacerlo consustancial. Lo valioso es la diversidad cultural, y es lo que da sentido al individuo…se hace hincapié sobre lo que diferencia a las hombres (como portadores de una cultura colectiva) y no en lo que les semeja. Pero hacer hincapié sobre lo que les semeja no es borrar la diversidad cultural, sino simplemente hacer prevalecer lo que de común tienen los hombres (la praxeologia de Mises). Existe una clara identificación entre individuo y colectivo en Herder, así según Berlin en su esencia estaría el pensamiento de que "los hombres sólo pueden desarrollarse plenamente sus potencialidades si siguen viviendo donde nacieron, hablando su idioma, viviendo en el marco de sus costumbres…" (56). La unidad natural es el pueblo, cuyos principales componentes son territorio y lengua. Esta es la respuesta romántica a la Ilustración francesa. La idea de bien común desaparece, a la vez que se plantea cierto "choque de civilizaciones": los valores de las diferentes culturas son diferentes y pueden chocar. Esta visión justificará desigualdades e injusticias, pero atraerá la atención sobre la riqueza de diversidad de las instituciones humanas. Este relativismo ha querido ser resuelto por pensadores como Hegel y Marx, según los cuales hay visicitudes históricas, pero al final las contradicciones se resolverán. Frente e éstos, la visión del liberalismo, que pasa por individualizar las diferencias y crear un marco social donde éstas puedan coexistir. Siempre asumiendo que existen algunas controversias irresolubles, como el aborto y que, en general, valores como igualdad, libertad, etc. siempre estarán en conflicto y que debe vivirse ese conflicto llegando a ciertos acuerdos…aunque bajo estos acuerdos siempre estarán las relaciones de fuerza.
Cap 3. Giambattista Vico y la historia cultural
Existen diferentes visiones del pasado por parte de los historiadores: los hay que buscan ejemplos de virtud y vicio, es decir, buscan en la historia una escuela de moral, como Maestre o Maquiavelo; los hay que buscan el esquema de un plan preestablecido de carácter divino, los que buscan leyes históricas o sociológicas de los cuales los hechos son los casos, como Comte y, por último, los que quieren saber porqué somos lo que somos en la actualidad a partir del estudio del pasado, como Voltarie y, en general, los pensadores de la Ilustración, que creían haber descubierto un método de validez universal para conocer cómo hemos llegado a lo que somos. Voltaire creía que se debían estudiar las cumbres históricas y no las simas. La reacción romántica lleva a valorar las diferencias culturales, pero también a constatar que es imposible reverdecer las cumbres del clasicismo (Grecia y Roma) en la actualidad, como querían los ilustrados. (ver apunte capítulo anterior sobre Herder). El culto a la variedad del romanticismo ha conducido, como elemento colateral, a erosionar la noción misma de verdad objetiva. Ese absoluto subjetivismo derivó, como se puede observar en Johan Gottlob Fichte (padre del romanticismo) en la anarquía y el irracionalismo, lo que a nivel colectivo, llevó al nacionalismo y el patrioterismo agresivo.
En este contexto, Vico es el padre del concepto moderno de cultura y de lo que se podría llamar el pluralismo cultural. Esta idea tiene como corolario que no existe utopía o sociedad perfecta por ser imposible, pero también incoherente: pues si algún valor es incompatible no puede aglutinarse. Para Vico no existe avance lineal en la historia: "juzgar los logros de una época cualquiera aplicándoles un criterio único absoluto no sólo es antihistórico y anacrónico, sino una falacia, la de suponer que existen normas atemporales" (81), dice Berlin sobre el pensamiento de Vico. Quizás los valores no son universales, pero se deben aceptar como los mejores posibles… y por ello debemos imponerlos…si se pone en peligro nuestra forma de vida. Éste cree que cada cultura tiene una visión propia, pero al contrario que ciertos relativistas como Spengler, no cree que cada individuo esté determinado por la visión de su cultura. Aquí también se sitúa la creencia de la no determinación del individuo, de su capacidad para transformar su propia realidad y la de los que le envuelven. El método para conocer las culturas es la scienza nuova, la capacidad de entender, la fantasía, pues entendía que más allá de las diferencias, los hombres podían entender lo que hacían otros hombres. Podemos comprender, pero no compartir.
Cap 4.El supuesto relativismo del pensamiento europeo del siglo XVIII
Berlin se plantea la existencia de dos tipos de relativismo: el de los juicios de hecho y los juicios de valores. El primero niega la posibilidad del conocimiento objetivo; por ejemplo, al estar condicionada la visión al lugar que se ocupa en el sistema social. El segundo expresa ese relativismo de Vico, para el cual cada ciclo histórico de culturas expresa unos valores autónomos y propios y no podemos aplicar a una cultura criterios de otra. Pero este relativismo es metodológico, es decir, viene decir que la actuación de los seres humanos solo es totalmente inteligibles a partir de su marco histórico. Hay otro tipo de relativismo, el de Marx, Freud, etc. que proviene del irracionalismo alemán y que define el relativismo en su forma moderna: "tiende a surgir de la idea de que los puntos de vista de los hombres están inevitablemente determinados por fuerzas que no suelen ser conscientes" (91). Este relativismo acaba con toda idea de objetividad; no cabe hablar de veracidad o de falsedad. En el fondo, es la idea de alienación marxista. El pluralismo de Vico no es este tipo de relativismo, según el cual cada cultura tiene unos valores objetivos, pero que no se pueden juzgar a partir de un criterio universal. Los fines de una cultura pueden ser incompatibles, pero esa variedad no puede ser infinita. Los valores son los mismos en todas las sociedades, lo que pasa que la relación entre ellos, o su peso relativo es diferente. Creo que lo principal es el valor del individuo, pues la pluralidad se basa en quién es el sujeto de valores; ¿es el individuo el sujeto de libertad o es el colectivo? El valor es el mismo, lo que varía es el sujeto de esos valores. ¿Que es lo que proporciona infinitud a esa pluralidad? Lo que de común tenemos todos, la atribución a miembros de otras civilizaciones de motivos, valores y modos de pensar que imperan en la propia; así se puede entender, aunque entender no signifique aceptar.
Cap 5. José de Maestre y los orígenes del fascismo
Crítico del romanticismo y partidario del clasicismo, la monarquía y la iglesia. Opuesto al racionalismo, al empirismo, al liberalismo y a la democracia. Era, según Berlin, un hombre con lenguaje del pasado…pero que se proyectaba sobre el futuro. El siglo XIX vive las alternativas al fracaso de la revolución francesa, en concreto sobre el tema de cual sería la mejor manera de gobernarse del hombre: los liberales cargaron contra el Terror, los socialistas a la falta de atención de la economía, los románticos achacaron el error al racionalismo extremo. Los conservadores hablaban de la fuerza de la tradición como salida al fracaso. En el fondo la creencia de que lo racional, el cálculo humano, era una quimera frente al plan divino. De Maestre fue el adversario impecable de los ilustrados del XVIII: individualismo, racionalismo. También en contra del liberalismo de Hume y Smith, abogados de la libertad individual y del gobierno limitado. Maestre se opuso a todo esto: frente a lo racional él defendía la salvación en la fe y la tradición dado que era totalmente pesimista sobre la condición humana y siempre pensó que sólo la jerarquía y la obediencia, la fe ciega y la creencia en lo inevitable del conflicto y el sufrimiento. Esa visión de la vida como sufrimiento y sangre le conecta con el mundo del fascismo moderno. Sólo el sufrimiento puede impedir caer en la anarquía; el orden es más importante que la justicia y el pueblo necesita un guardián que controle hasta lo más privado de su vida. Para ello no sirve la ley de los hombres, sólo la creencia (ciega) en la ley divina. Metafóricamente la figura central de la sociedad es la del verdugo como garante del mantenimiento del orden mediante el miedo y esta función lo justifica todo: el orden precisa de la imposición, incluso inhumana, de la fe frente a aquellos que pretenden transformar la sociedad mediante la razón, así "la mentalidad científica halla fallos en toda autoridad; conduce a la enfermedad del ateísmo". Determina el fracaso de la razón: la guerra es inevitable porque es una institución divina, la educación no puede torcer los instintos más profundos del hombre (efectivamente, existe un instinto del hombre que es eterno, pero la civilización puede coartar esos instintos más salvajes; la crítica a la fe en la razón como generador de utopías sociales está más que justificada, sobre todo en los albores de esa fe) que son violentos (esta insistencia en la violencia como esencia de lo humano le emparenta también con el futuro fascismo). Así, la monarquía hereditaria es más estable que cualquier construcción democrática, por racional. Existe un designio divino que la razón no puede comprender, por ello lo mejor es someterse a las instituciones que están ligadas con ese designio humano, borrándose y aceptando que aquello que está determinado sólo por el hombre es perdición y lleva al caos y la violencia. No es de extrañar que su visión del hombre sea la de un ser débil (¿y cual es la nuestra?) y malvado, pero que es libre, aunque está muy determinado en sus decisiones y por ello debe someterse para gobernarse.
El gobierno es una religión y no cabe juicio individual sin destruirlo; por el contrario debe someter la razón bajo el jugo de la Iglesia y el Estado. El origen de éste no es una constitución, pues se le debe adoración…exige la disolución del individuo en el estado. Por ello es absurdo plantearse el origen del estado en un contrato, ya que un contrato precisa de unas normas previas propias de sociedades complejas. El origen de la sociedad está en el impulso humano a inmolarse; no es una asociación para el mutuo beneficio, sino una institución casi penal. Fe ciega contra la razón, sangre y autoinmolación, creencia en que el individualismo liberal es un absurdo que tiene su origen en la arrogancia humana (frente a esto el liberalismo también hace crítica de la fatal arrogancia humana de creer que puede dirigir la sociedad; esta crítica al racionalismo más ingenuo de Maestre también la podrían hacer suya los liberales cuando critican el constructivismo)…constituye el núcleo de toda doctrina totalitaria. El ejemplo es su teoría de los sacrificios, según la cual en el mundo hay una suma determinada de pecado y se expía por una cuantía igual de sufrimiento, siendo éste colectivo, indiferente de la inocencia o no de quién lo sufre. Ese antirracionalismo se basa en la creencia que lo humano es un misterio que la razón no alcanza a explicar; por ello la religión es más poderosa: "la religión es superior a la razón no porque aporte más respuestas convincentes que la razón, sino porque no aporta absolutamente ninguna. No persuade ni discute, ordena" (132). La sociedad sólo puede mantenerse cuando los hombres obedecen a sus superiores, "no puede haber sociedad sin estado; ni estado sin soberanía" (136), así, sólo el despotismo puede evitar la desintegración social; es más, si los hombres se niegan a reconocer la autoridad de monarquía y religión caerán sobre el despotismo del pueblo, que es el peor de todos, según Maestre. Estas es, según Berlin, la explicación más clara de los movimientos de "democracia totalitaria". En ese mismo registro, Maestre entiende la revolución como un proceso divino para castigar la maldad mediante el sufrimiento "no son los hombres los que dirigen la revolución, es la revolución la que los utiliza" (146). Esta visión de Maestre es agónica, él pensaba que su misión era la defensa (a ultranza) de un mundo que se destruye, el tradicionalismo, pero para cuya defensa utilizó un argumentario que se proyectaba sobre el futuro; sobre los fascismos del siglo XX. Los sistemas totalitarios modernos combinan el pensamiento de Maestre y Voltaire: realismo, dureza inflexible en sus postulados. Sus ideas son (en particular en De Maestre) profundamente dogmáticas, irrefutables -según la terminología de Popper- por la experiencia o la ciencia.
Sobre el papel de los legisladores reconoce que es limitado; entender y descubrir las leyes divinas (el liberalismo también habla de una ley natural.. pero de los hombres; por así decirlo, el liberalismo también pone límites a la voluntad humana, pero no por la existencia de una voluntad divina, sino por efecto de la propia interacción de los hombres).
Respecto a su valor como pensador, Berlin reconoce que "nadie ha hecho más que él por desacreditar las tentativas de explicar cómo suceden las cosas, y explicar lo que tenemos que hacer, deduciéndolo de nociones generales como la naturaleza del hombre (…) un procedimiento deductivo por el que al final sólo podemos obtener en la conclusión lo que expresamos en las premisas, sin advertir o confesar que es lo único que hacemos" (164)
Cap 6. La unidad europea y sus vicisitudes
Berlin analiza la influencia sobre nuestras vidas de las ideas del siglo XIX, y que se contraponen con las ideas existentes hasta el siglo XVIII que ya caracterizó en capítulos anteriores: creencia en una idea de verdad que se puede conocer y compartir por todos. En el pensamiento del XIX y del XX ya no existe esa voluntad de universalidad. El fascismo, en cierta manera todo nacionalismo plantea la superioridad de una raza o una nación sobre las demás. El marxismo es internacionalista, pero donde otros hablan de nación ellos hablan de clase llegándose a los mismos resultados. El concepto de alienación hace imposible convencer a los reacios. El pensamiento del XX hace imposible la idea de conversión a la verdad universal que aún existía en las disputas de religión. La idea de verdad objetiva dio paso al relativismo y el subjetivismo extremo. Uno de los puentes está en el romanticismo y su idea de sacrificio: "la idea (…) que hay muchos valores, que pueden chocar, que hay algo sublime en morir por la propia visión de la verdad aunque el resto del mundo pueda condenarla (…)"177. Eso es nuevo; antes del XVIII alguien que muriera por una idea equivocada nunca se habría exaltado. El romanticismo ha llevado a un cambio de modelo en la ética y política: de la analogía de las ciencias a la analogía de la voluntad y la creación artística. La creación que no se descubre sino que se inventa por el individuo, pasando a ser lo personal el objeto de todo esfuerzo; "el personaje del héroe romántico. El héroe no necesita ni ser un sabio ni un guía para su generación (…) pero es un ser sagrado porque está completamente entregado a un ideal" (179). Esta es una concepción primordialmente alemana: Fitchte y su concepción del hombre como demiurgo, Nietzsche…Cada hombre consagra su vida a su ideal y en ello consiste de más importante del hombre; si nuestras creencias chocan debemos luchar (y morir) antes de llegar a cualquier tipo de acuerdo que signifique renuncia. Esta doctrina, en cierta forma similar a un cristianismo secularizado que prescribe el sacrificio por los ideales, tiene su correlato colectivista: un pueblo (una clase, etc.) superior debe cumplir con su misión sagrada aunque esto signifique destruirse o destruir…y, además, existe cierta belleza poética en el sacrificio.
Berlin plantea la dialéctica entre el pensamiento racionalista y el romántico como un equilibrio; de manera que el romanticismo fue una ruptura (necesaria) a un orden social y de las ideas que había encorsetado a la sociedad: la respuesta alemana al orden de la ilustración tuvo esa forma de adoración a lo individual, lo nacional y lo histórico; a la voluntad frente a la racionalidad. Cuando los ilustrados intentan aplicar el método científico a lo más vital y particular del hombre; a los sentimientos, es cuando se hace patente reaccionar. Una vez más, el problema está en no respetar las esferas de conocimiento…o también en el ámbito de la política. La lección romántica es válida; pero debemos ser conscientes de sus límites; la paradoja es que esa lectura de supremo individualismo llevara a sacrificar a tantos individuos; el problema está en pasar de lo individual a lo colectivo; de la ética a la política; La marea fue de lo individual a lo colectivo "se identificó al artista con el dirigente político" (186); el creador no perpetraba ficciones, sino que hacía sus creaciones con la vida de la gente. Pero la creación es individual, lo colectivo debe ser "vulgar". Así, Hegel y Marx, aunque mantengan una voluntad científica también caen en ese ideal de romanticismo según el cual existe un actor social creador que tiene una misión que cumplir por el bien de la humanidad. Nada tiene que ver ese hombre fin de si mismo con el de Kant, que nunca sacrificaría el hombre real a algo superior.
Cap 7. La apoteosis de la voluntad romántica: la rebelión contra el mito del mundo ideal
Berlin recupera el tema tratado en el capítulo anterior del origen del ideario romántico en contraposición al ideario clásico. El irracionalismo y la voluntad frente a la racionalidad. Todo empezó, paradójicamente, con Kant y su defensa de la voluntad del hombre que libera del determinismo de la naturaleza para permitir un espacio a la libertad, sin la cual no hay moral. Pero, aunque él también atacaba la psicología mecanicista de la ilustración francesa, su concepción de voluntad es racional (control de lo irracional) y no la exaltación del irracionalismo del romanticismo, encarnado por el movimiento artístico del Sturm und Drang. Fichte lleva el pensamiento de Kant más allá. Para este pensador el hombre toma conciencia de si por la resistencia que encuentra en lo que le circunda y ese Yo sólo se desarrolla en la acción: "yo no estoy determinado por mi fin; mi fin está determinado por mí" (212). La voluntad suprema de Fichte que crea el entorno también es razón…pero en la Alemania de esos años se interpretó de otra manera y la idea de que uno categoriza la realidad según su voluntad traspasó la frontera artística para llenar la política. El canto a la acción por encima de la reflexión es la pauta del camino del racionalismo al irracionalismo. El ideal romántico es imprescindible, pero a nivel individual; el individuo destroza la historia; en el ideal romántico la historia destroza al individuo.
Cap 8. La rama doblada: el origen del nacionalismo
La revolución francesa llevó a los filósofos sociales a cerciorarse del cambio y a buscar leyes para entender la historia y organizar de manera científica la vida social. En pensamiento se hizo optimista pensando que se podría dominar el devenir social. Los primeros pesimistas nacieron del nacionalismo. El nacionalismo era un movimiento con fuerza, pero hasta la Primera Guerra Mundial se pensaba que era un movimiento que decaía. Su aparición está en la Alemania de finales del XVIII y su referente intelectual es Herder. Quizás este origen debe encontrarse en las humillaciones sufridas por parte de Francia en todos los ámbitos; el nacionalismo suele alimentarse de los agravios, lo que llevó a esa inflación de lo propio que caracteriza al nacionalismo. Frente al nacionalismo los racionalistas, socialistas y liberales sintieron desdén, lo que fue un error de cálculo sobre sus posibilidades e influencia.
El nacionalismo suele ser fruto del agravio, la explotación, el orgullo de una minoría que se ha mantenido culturalmente viva. Representa, quizás, una reacción a las teorías racionalistas (que a veces se "comen" al individuo o la comunidad) a favor de la vuelta a una tradición.