De Ugarte, David. Los futuros que vienen. Madrid. Biblioteca de las Indias, 2010.
El capitalismo que iba a venir
Con la descomposición del mundo soviético aparece el fenómeno de la globalización: la universalización del mundo capitalista y la universalización del comercio y de la competencia que daba nuevas oportunidades a los pequeños y se saltaba las barreras nacionales. Esa globalización no sólo afectaba al mundo económico, también a las fuerzas de la antiglobalización, los movimientos sociales, las redes criminales o las organizaciones terroristas.
Junto a la globalización surge lo que Ugarte llama redes distribuidas, como la definición de unas relaciones sociales caracterizadas por la relación pluralista que promueve la comunicación de la red de internet; unas relaciones sin filtros del poder, en igualdad de condiciones, de posibilidades infinitas para el individuo; un poder distribuido. La tipología distribuida se diferencia de la centralizada (comunicaciones centralizadas; estado absolutista) y la descentralizada (empresa multinacional y estado liberal). La red distribuida significa el final del estado como controlador de la vida social en favor de comunidades e individuos que viven y comercian a nivel mundial según sus propios intereses. El blog es la insignia de la red distribuida y su espíritu llega a todo, haciéndolo más incontrolable para el poder, que pierde poder coercitivo: político (nuevos tipos de movilizaciones espontáneas), intelectual (cultura de la gratuidad) o comercial (compentencia quasi perfecta), "una estructura nueva de poder basada en la deliberación más que en la decisión, en la agregación espontánea de acciones individuales más que en la votación colectiva" (4). Se trata de un nuevo mundo de relaciones donde se difuminan el poder de filtrado por parte de las estructuras tradicionales del poder (media y estado) a favor de una lógica de la abundancia (no filtros), y la disipación de las rentas, es decir, a mercados de competencia quasi perfecta, donde las rentas generadas por la propiedad intelectual o las generadas por la posición se irán laminando gracias a internet y darán lugar a una nueva fuente de rentas: la innovación constante.
Las fuerzas en contra
La globalización ha creado un mercado universal y para ello es necesario libertad de movimientos de personas, mercancías y capitales…pero las fuerzas en contra de estos movimientos son formidables, sobre todo en los países ricos. Cuando sectores vulnerables de la producción se sienten amenazados (por ejemplo, el agrario o el sector de la propiedad intelectual) recurre a la protección del estado para cerrar las fronteras mediante medidas arancelarias, pero más sutilmente, mediante, por ejemplo, las cláusulas sociales. El estado cae preso de sus redes clientelares que le obligan a poner cortapisas nacionales a las globalización. Las resistencias se entienden en tanto el diferencial de relevancia de las dos dimensiones del hombre en el mercado; la de productor y la de consumidor. La globalización facilita maravillosamente la dimensión consumidora, con productos más baratos y una mayor competencia. Por el contrario, cuestiona la dimensión de productor en diferentes sectores, siendo ésta más vital, pues permite la dimensión consumidora. Los beneficios, en esta dimensión se externalizan en terceros que, por la dimensión nacional de los estados, no pueden ejercer presión alguna sobre éstos. Sin embargo, lo esencial para De Ugarte, es que esas fuerzas antiglobalizadoras no permiten desarrollar la globalización…pero tampoco tienen suficiente fuerza como para frenarla, surgiendo entonces lo que denomina "descomposición". Este fenómeno de descomposición se ve sobre todo en los países periféricos, donde al estado pierde presencia a favor de redes criminales, como Hamas o los cárteles mexicanos: "las políticas de captura funcionaron como el perro del hortelano: al limitar el alcance de la globalización y cercenar el desarrollo del capitalismo que viene sin recursos ni capacidad para conseguir un cierre total o alternativo en un ámbito menor, el nacionalismo de las elites privó a las clases medias de acceso a las posibilidades de competir en la globalización al tiempo que se les negaba ya la protección clientelar" (7).
En general, De Ugarte apunta que "la descomposición es el producto de un equilibrio de fuerzas mantenido demasiado tiempo entre el capitalismo que viene y los sectores que viéndose perjudicados por él mantienen sin embargo el control sobre el aún formidable poder del estado" (7). Es inevitable mientras el estado pueda intervenir la economía con ese poder que sea utilizado por sus redes clientelares. Las fuerzas contrarias a la globalización han conseguido atenuar el capitalismo que viene, pero a costa de generar sociedades más pobres, menos dinámicas…y en el fondo sacrificando cohesión social y reforzando las políticas autoritarias para encubrir esa realidad.
Esa regresión también se observa en la red, en internet. Frente a la comunicación distribuida (de deliberación) que representa el blog se afianzan propuestas de recentralización como Facebook (adhesión) o Wikipedia (participación) generadoras de escasez frente a la abundancia del no filtro. Sin embargo, creo que la diferencia está entre creadores y consumidores, una vez más. Los creadores representados por el blog son una minoría, por el contrario, la mayoría de los usuarios son consumidores (es decir, reaccionan ante las propuestas ajenas, de los creadores), por ello era inevitable la llegada de esos medios que adhesión. Por otra parte, la figura del filtro es inevitable en una sociedad con tan formidable cantidad de información, de manera que se generan mecanismos de confianza, de adhesión, para que alguien o algo haga esa función de filtro, evitando los costes que para la mayoría (que sólo son consumidores de la red, y no creadores) tendría la búsqueda de esa información de una manera más distribuida.
Ahora bien, si el capitalismo que viene no acaba de venir, ello no significa que "la experiencia social de la Internet social había hecho aparecer nuevas identidades y valores" (10) más allá de los tradicionales (clase, nación, etc.). La identidad responde a la necesidad de imaginar, de dar forma, a la comunidad en la cual se desarrolla nuestra vida…y sólo cabe sustituir las nuevas por las viejas, no vivir sin ellas, como la nación surgió de las identidades más localistas de la Edad Media. La globalización pone en cuestión las identidades nacionales, demasiado pequeñas o grandes, pero ese cuestionamiento sólo se puede hacer desde identidades alternativas. Internet permite crear esas identidades transnacionales, pero con una peculiaridad, por primera vez se tratan de comunidades interpersonales, cuyos miembros se pueden comunicar entre ellos, y no de comunidades construidas a partir de tipos ideales; no estamos ante comunidades imaginadas, relatadas, sino ante comunidades reales, experimentales. La comunidad ya no está ligada a un espacio concreto, es transnacional y ubicua. Es el triunfo de la interacción, un triunfo que las herramientas de la adhesión no permiten desarrollar plenamente. Cuando esa comunidad no espacial sino de interacción (sionismo digital) se empodera económicamente se genera una filé. El empoderamiento económico permite muna mayor estabilidad a la comunidad, así como una mayor resistencia a los ataques externos.
La regresión que significa la descomposición ha parado la generalización de un mundo de poder distribuido, pero esas comunidades de interacción son el futuro, islas en la red, como les llama Ugarte. Pero sobre todo la descomposición significa el enquistamiento social, un mundo en paro técnico donde ni las viejas fuerzas pueden mover la realidad hacia atrás ni las nuevas hacia delante: "la descomposición es inevitable en toda bisagra histórica. Pero la cuestión es que ahora (…) la descomposición es el fenómeno dominante" (11). La sociedad no tiene futuro en el sentido de progreso universal como hasta ahora se entendía y el refugio está en esas "islas en la red". Ugarte ve en este fenómeno el final del proyecto ilustrado, el final de los grandes universales sujetos del progreso: clase, raza, nación, etc. "el diagnóstico es simple: no hay futuro universal sin categorías sociales universales. Categorías que nos son ya cotidianamente ajenas, que intuimos necesariamente totalitarias" (12). Totalitarias porque esas mismas construcciones son conscientes de que su mundo se acaba. Sin embargo no veo tan claro el final del universalismo como de algunos particularismos que han querido pasar como tales. Esos sí que están en decadencia como sujetos históricos, pues el único sujeto histórico es el individuo en interrelación. El universalismo también es la base del derecho, del imperativo categórico, elementos esenciales para la convivencia. Sin ese universalismo no hay responsabilidad individual. No pensar en universales (categoría individuo) es la vuelta a lo tribal, a la pequeña comunidad, quizás incapaz de lo peor, pero también incapaz de lo mejor del ser humano.
Los futuros que vienen
Frente a la crisis de los universales Ugarte reivindica la comunidad a pequeña escala, la comunidad de personas que se interrelacionan (ahora sin los límites espaciales de antaño gracias a Internet). Se trata de una vuelta al concepto colectivo de identidad, pero no con referencias universalistas y abstractas, sino local (sin localismo); una identidad escogida en tanto que los individuos se escogen entre ellos para darse sentido. Esto quizás nos devolvería a la idea de identidad por el consumo, ya muy estudiada por la sociología de la sociedad de consumo, lo nuevo de Ugarte sería que sea identidad no nacería del consumo, sino de la producción, en tanto esa comunidad también es económica…la filé.
Ahora bien, para dotar de fuerza a esas comunidades, para que no sean meras identidades voluntaristas de consumo es necesario empoderarlas mediante dos elementos, una economía comunitaria resiliente y la libre interconexión en el mercado: "no se trata de organizar estilos de vida, se trata de generar virtualmente mercados capaces de aumentar la resilencia de sus componentes" (16) con la idea de reproducir, en el mercado, relaciones sociales de iguales, relaciones con poder distribuido: "un mercado es competitivo cuando funciona como una plurarquía: nadie puede imponer a nadie nada, las acciones de cada uno no afectan, por sí mismas, a los demás" (17). El futuro aparece por agregación, no de manera absoluta: pequeñas filés que conectan en mercados parciales, incontrolables por nadie, de manera que haciendo un rodeo, burlando a las fuerzas de la descomposición, se haga realidad la promesa de la globalización.