Libro Primero: de la sociedad civil
El primer capítulo plantea el origen del estado: el estado es una asociación en vista de algún bien por agregación: primero la asociación de familias que generan puebles, posteriormente la agregación de pueblos que generan un estado siempre justificado por su fin: el bien y esto es conforme a la naturaleza, pues el hombre es un ser naturalmente sociable. Plantea que es estado está por encima de la familia y el estado y esa superioridad del estado sobre el individuo la justifica porque uno puede bastarse a sí mismo y el otro no. Aquí un elemento premoderno, sin duda, en cuanto el fruto de la unión de los individuos, los cuales actúan para algún bien que, siendo propio, le beneficia, cobraría, por así decirlo, legitimidad propia y estaría por encima de él.
Siguiendo con elementos anacrónicos, el siguiente capítulo habla de la esclavitud. De este capítulo se debe destacar la diferenciación entre valor de uso y de producción propia de la economía; los primeros son los bienes de consumo, los segundos aquellos que sirven para producirlos. Esto referido en el contexto de la esclavitud significaría que los esclavos tienen valor de producción; que éstos lo son por naturaleza, pues son inferiores y que, en ese caso, es el empleo de las fuerzas corporales a lo que se deben dedicar.
Posteriormente plantea la adquisición de los bienes, diferenciando entre valor de uso y de cambio de los productos y haciendo del comercio el origen de la moneda, pues había cosas difíciles de trasladar para el trueque.
Libro segundo: análisis de las constituciones
El estado es una asociación, pero no puede extenderse sobre todo, pues la ciudad es múltiple, no es una familia. Aquí plantea la separación de dos esferas, una pública que refiere al estado y otra privada, que refiere a la sociedad civil. La aspiración a la unicidad que muestra, por ejemplo, Platón, es contraproducente pues se extinguiría la benevolencia recíproca y los dos grandes móviles de solicitud y amor: la propiedad y la afección (familia). Por tanto, es preferible que la propiedad sea particular y que sólo mediante el uso se haga común; así, la generosidad es imposibles sin la propiedad individual.
Posteriormente hace un análisis detallado de diversas de las constituciones existentes en Grecia.
Libro tercero: teorías del gobierno y la soberanía
Comienza su teoría del gobierno definiendo el carácter del ciudadano como el que puede ejercer funciones de juez y de magistrado (Es decir, una definición "positiva" en el sentido de Berlin, de la ciudadanía) en un estado que posee todo lo necesario para su existencia (siguiendo con ese lenguaje, una sociedad cerrada).
Se plantea posteriormente si hay diferentes virtudes, una del individuo privado y otra del ciudadano como tal. Concluye que, efectivamente, son diferentes, pues el estado se basa en elementos diferentes y su finalidad es la prosperidad de los asociados en él. ¿quién reúne pues las dos virtudes? Pues aquél magistrado digno del mando que ostenta.
Para definirlo una previa: el buen ciudadano es aquél que conoce, que ha aprendido a obedecer y a mandar, dos órdenes que requieren diferente aprendizaje. Pero posteriormente va un paso atrás, ¿todo el que no es esclavo debe participar en la política, es decir, ha de ser ciudadano? (recordemos la definición positiva de ciudadano como aquél que participa en la vida pública). Esto tiene mucho sentido en tanto la vida política lo llena todo. Cuando se dice que los liberales no deberían dedicarse en algo en lo que no creen, en el estado la falacia es que el estado se entromete en sus vidas si los liberales no actúan para marcar sus límites. Así, se pregunta si los artesanos son ciudadanos, para contestar que existen ciertos niveles de ciudadanos…siendo los más indicados para la vida pública aquellos que no tienen que trabajar para vivir. Estamos en un territorio muy alejado de la modernidad; el mundo de Aristóteles es un mundo de patricios, donde lo público le da sentido a todo; por el contrario en el mundo de la modernidad la política debería ser una esfera importante, pero no principal, a favor de una sociedad civil que trabaja por alcanzar sus propios objetivos, a los cuales la vida pública sirve, pero no domina. Esos artesanos son los que mejor representan la vida de la modernidad y, efectivamente, la política debe estar a su servicio.
Aristóteles plantea que el fin de las buenas constituciones debe ser el interés común, en contraposición con las malas, que tienen el interés del gobernante como su fin. A partir de aquí hace su tipología de gobiernos por quién gobierna: el gobierno de uno solo (reinado), el de una minoría (aristocracia) y el de la mayoría (democracia, que él llama república). Por el contrario, las desviaciones de estos buenos gobiernos (es decir, cuando el gobierno se utiliza para los fines de los gobernantes) son la tiranía, la oligarquía y la demagogia, respectivamente. La oligarquía es el predominio político de los ricos; la demagogia, de los pobres.
Fijemos la finalidad del estado: el bienestar colectivo gracias al sentimiento natural de vivir en común, siendo la garantía de los derechos individuales, las relaciones mercantiles, etc., preliminares indispensables. Ahora diríamos que esos elementos no son preliminares, sino la esencia misma de los bienes que nos puede proporcionar el estado.
Ahora bien, una vez que determinamos las derivaciones indeseables de los tres tipos de gobierno, ¿Cuál es el mejor? Aristóteles plantea que el mejor es la república, por un argumento de cantidad: dando la decisión a más, habrá menos posibilidad de equivocarse. Incluso comenta que la multitud juzga mejor las composiciones poéticas (¿?)…claro que esa multitud es la de los mejores…). La razón es la suma de las virtudes ciudadanas de todos los componentes de la ciudadanía. Ahora bien, ¿qué grado de soberanía deben tener el conjunto de los ciudadanos ordinarios en una república? La respuesta es, por así decirlo, decidir los que decidirán sobre las cuestiones particulares entre los mejores, por así decirlo, la democracia representativa. Pues su valor está en el conjunto, no en las decisiones particulares que deben ser tomadas por el gobernante. Una vez planteada la cuestión responde a ciertas objeciones que se podrían plantear; la primera de corte aristocrático y que según la cual las decisiones las deberían tomar los especialistas, como los médicos deciden sobre la medicina. Frente a ello hace otra comparación: "el mérito de una casa, por ejemplo, puede ser apreciado por quien la ha construido, pero mejor la apreciará todavía quien la habita" (94). Efectivamente, en esta respuesta hay dos elementos muy interesantes, por una parte el valor de uso de la política, es decir, que la política se vive, está inmersa en la variable tiempo y no es algo que mente humana pueda planificar y, por atraparte, la diversidad social que hace que la política sea un mínimo común de convivencia. Todo ello apunta a la imposibilidad de la ingeniería social, la imposibilidad del historicismo que plantean liberales como Popper o Hayek.
Otro elemento interesante a la hora de definir los límites del gobernante tiene que ver con la naturaleza de la ley: "la soberanía debe pertenecer a las leyes fundadas en la razón, y que el magistrado, único o múltiple, sólo debe ser soberano en aquellos puntos en que la ley no ha dispuesto nada por la imposibilidad de precisar en reglamentos generales todos los pormenores"(95) ¿Estará planteando una ley natural, como hace Hayek? En este caso estaría basado en el uso y costumbre, siendo la función del magistrado encontrarla y ajustar sus acciones a la misma.
A continuación plantea que la finalidad de la política es la justicia; ese es el bien supremo de la justicia. Ahora bien, la igualdad debe reinar entre iguales…¿y quienes son esos iguales? La democracia, si no quiere caer en el ostracismo, debe asegurar que son los de más merito los que gobiernan (no los más ricos), la igualdad no debe servir para negar los méritos a aquellos que los tienen. El bien del propio ciudadano determina que, efectivamente, debe someterse de grado a aquél que es superior.
Con estas premisas analiza el gobierno de un solo hombre, el reinado. Comienza planteando si "es preferible poner en manos de un hombre virtuosos las decisiones o encomendarlos a una buena ley"(103) La ley tienen la ventaja de ser impasible, no como el hombre, siempre apasionado, por ello la multitud juzga mejor, al ser menos apasionado en las decisiones particulares. Una vez más el argumento del número: dos juzgan mejor que uno, en la multitud la corrupción se diluye: "si el hombre virtuoso merece el poder a causa de su superioridad, dos hombres virtuosos lo merecerán aún más"(107). Este me parece un argumento esencial, pero visto desde otra perspectiva: al ser los más los que juzgan es más fácil decidir bajo cierto "desinterés", cierto "velo de la ignorancia", pues es más difícil que una decisión reúna intereses muy contrapuestos como los que puede tener la mayoría. Este me parece que es un argumento mayor para que la política sea lo más pública posible. A partir de esta constatación plantea un argumento histórico: los antepasados se sometieron a los reyes porque la masa de población era más pequeña y el número de hombres eminentes menor. Es decir, la decisión de muchos hombres eminentes vale más que la de un hombre eminente…pero, a su vez, ¿se puede heredar la virtud?
Libro cuarto: teoría general de la ciudad perfecta
Empieza este libro con una afirmación importante: "cuando se quiere estudiar la cuestión de la república perfecta, importa precisar en primer lugar cuál es el género de vida que merece sobre todo nuestra preferencia"(110). Esto me recuerda a Spencer, cuando afirma que el político, a la hora de tomar una decisión, debe plantearse hacia qué tipo de sociedad apunta esa decisión. Pero también nos marca el carácter absoluto de la política, que es capaz de determinar qué debe ser la buena vida.
La reflexión sigue esa línea, pues pregunta si el ciudadano debe preferir la vida política o vivir al margen de ella. También apunta que el estado más perfecto es aquél en que cada ciudadano puede practicar la virtud y asegurar su felicidad: "la ciudad no es más que una asociación de seres iguales, que aspiran en común a conseguir una existencia dichosa y fácil"(122). Lo que entraría en contradicción con esa visión absolutista de la política por una más "liberal". Además, aquí indica que la felicidad sólo se encuentra en la actividad. Y esto se liga con la actividad política: la buena constitución es aquella que logra el máximo de bienestar, y éste depende de que el fin que nos proponemos sea laudable y que tengamos las condiciones para llevarlo a cabo. Aquí radica la felicidad: en actuar de acuerdo con la virtud de manera completa.
Libro quinto: La educación en la ciudad perfecta
Plantea que la educación (la transmisión del saber) ha de ser una de las grandes preocupaciones del legislador y que esa educación debe ser la misma para todos. Posteriormente hace un repaso por las distintas disciplinas que deben enseñarse. Su planteamiento es eminentemente patricio, pues la base de la educación es ámbitos del espíritu, como la música y no otras más prácticas.
Libro sexto: De los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial
La constitución tiene una primera virtud, adaptarse a las circunstancias del país y su objeto es la organización de las magistraturas; por el contrario, la ley es la regla a la cual se debe atener el magistrado en el ejercicio del poder y en reprender a los que no las cumplan. Es importante destacar que en democracia, si la ley gobierna no hay peligro de caer en la demagogia; los demagogos aparecen allí donde la ley ha perdido su fuerza frente al valor de las mayorías; allí donde el pueblo ha pasado de ser soberano a ser monarca. Es cuando esto se da que los aduladores del pueblo, los demagogos, se hacen con el poder. Respecto a la oligarquía, se caracteriza por poner un límite de riquezas sólo a partir del cual se puede aspirar al poder.
¿Cuál es la mejor constitución? Aquella que se basa en el justo medio entre las clases sociales, es decir, aquella que da preeminencia a la clase media, y no a las muy ricas o muy pobres. Sólo así se evita el peligro de la oligarquía o de la demagogia: "entonces es cuando no se ven en el Estado otra cosa que señores y esclavos; ningún hombre libre" (176). La ciudad necesita cierta igualdad, no grandes desigualdades. Lo más prudente es la clase media porque, siendo mucha, tiene "algo que perder", por ello es la única clase que no insurrecciona nunca, además, las clases altas jamás intentarán unirse a las bajas porque temen el yugo al cual se someterán mutuamente. Ligado a esto, las instituciones se sostienen siempre y cuando la porción que está a favor de las instituciones sea mayor que la que está en contra.
Posteriormente plantea la teoría de los tres poderes: la asamblea general (legislativo), los magistrados (ejecutivo) y el poder judicial. La asamblea general trata de la guerra y, sobre todo para elegir a los magistrados.
Libro séptimo: la organización del poder en la democracia y la oligarquía
"El principio del gobierno democrático es la libertad"(193). Ahora bien, hace una lectura de libertad "positiva", pues el primer carácter de esa libertad es la alternativa en el mando y su derecho es la igualdad basada en el número (poder de la mayoría); ahora bien, su segunda facultad es que cada uno pueda vivir como le agrade (libertad negativa). Ambos derechos deben equilibrarse: "sostengo que la voluntad de la mayoría debe ser soberana. Admito este principio, pero le pongo una limitación"(195). Respecto a la clase media él la personifica en los labradores, aunque su definición puede ser más actual: "como no es muy rica, trabaja incesantemente y no puede reunirse más que raras veces (…) trabajar vale más que gobernar y mandar allí donde el gobierno y el mando no proporcionan grandes provechos; porque los hombres, en general, prefieren el dinero a los honores"(196). Importante por cuanto sabemos quienes deben constituir la base de la sociedad para que se mantengan las instituciones: los emprendedores, los autónomos, pues deben luchar por su economía y ven en lo político algo que debe ponerse a su servicio…respetando cierta cohesión social para que exista estabilidad ("es bueno, hasta en interés de los ricos, acumular los sobrantes de las rentas públicas para repartirlos de una sola vez entre los pobres"(200)…Los funcionarios pueden reunirse muy fácilmente.
En la organización de las oligarquías es muy importante que el número de ciudadanos que tienen acceso al poder por su riqueza sea mayor del que queda fuera.
A partir de aquí analiza algunas de las magistraturas indispensables: el mercado público (controlar que se cumplen los compromisos de los contratos), la conservación de los derechos de propiedad, gestionar los ingresos del estado, los tribunales y la ejecución de las penas y, de mayor jerarquía, los asuntos de defensa y de guerra.
Libro octavo: teoría general de las revoluciones
Todos los regimenes velan por la igualdad, pero muchos pervierten esa idea: la demagogia porque cree que esa igualdad debe llegar a todo, la oligarquía porque quiere llevar la desigualdad a todo; y son éstos, lo que cuando no consiguen todo lo que creen que deben tener, apelan a la revolución. La revolución puede tener como objetivo cambiar la constitución y sólo cambiar los gobiernos. Para evitar las revoluciones lo más prudente es combinar la igualdad relativa al número con la igualdad relativa al mérito. El gobierno más estable es la república que se acerca más a la democracia que a la oligarquía, siempre y cuando domine la clase media. Las revoluciones tienen tres causas: la disposición moral de los que se revelan , las circunstancias determinantes que producen la turbación y la discordia entre los ciudadanos. Se revelan por: se revelan por la falta de igualdad o por el deseo de desigualdad; el miedo de los culpables al castigo; el desprecio a los gobernantes cuando se les cree de inferior mérito; el aumento desproporcionado de alguna clase de ciudadanos, la diversidad de origen, la posición topográfica que impide la unidad de una ciudad…pero las más poderosas son cuando están separadas virtud y vicio y riqueza y pobreza después.
En las democracias el principal motivo de revuelta es el carácter de los demagogos: "los demagogos, con sus perpetuas denuncias obligan a los mismos ricos a reunirse para conspirar"(217).
En las oligarquías las causas son dos: la lucha entre fracciones o la opresión de las clases inferiores que puedan encontrar un defensor (un oligarca que se hace demagogo).
En las aristocracias las revoluciones se basan en lo reducido de la minoría que tiene poder…en general la desigualdad económica o de mérito.
En general, la ilegalidad mina un estado "al modo que los pequeños gastos muchas veces repetidos concluyen por minar las fortunas"(225), evitar alguna superioridad desproporcionada mediante la justa aplicación de las leyes, fortalecer la clase media y evitar la corrupción: "a la masa de los ciudadanos no irrita tanto el verse excluida de los empleos, exclusión que quizá está compensada con la ventaja de poderse dedicar a sus propios negocios, como le indigna el pensar que los magistrados puedan robar de los caudales públicos"(228).
Plantea que la única manera de hacer coexistir democracia y aristocracia, por ejemplo, es que los cargos públicos los ocupen los mejores…y una manera de hacerlo es que éstos sean gratuitos, así los pobres no querrán acceder (aunque formalmente puedan) y la aristocracia; así los pobres podrán dedicarse a sus negocios y los aristócratas no deberán verse regidos por los pobres.
Respecto a quién debe gobernar plantea que quien tenga tres virtudes: amor a la constitución, gran capacidad para los negocios y justicia y virtud personal. Pero, ¿y cuando no encontramos esas tres virtudes en uno? Dependerá de lo esencial para cumplir la función: si es un general será más importante el conocimiento militar que la probidad; en el encargado del tesoro, al revés.
Por otra parte destaca la importancia de adecuar educación a los principios de la constitución. En democracia, se debe ser consciente de que es la constitución quien da libertad; y no esa creencia según la cual la libertad es hacer lo que se quiera sin atenerse a nada ya que, así, se termina por pensar que la constitución es una esclavitud.
El libro termina con una teoría sobre la conservación de los estados. Especialmente interesante es cuando habla de la conservación de las monarquías: "el reinado, por ejemplo, se sostiene por la moderación. Cuanto menos extensas son sus atribuciones soberanas, tanta más probabilidad tiene de mantenerse en toda su integridad"(238). El tirano, por el contrario, tiene en el empobrecimiento de sus súbditos la garantía de conservación, pues mina sus fuerzas y les obliga a pensar sólo en su subsistencia.